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lunes, 16 de marzo de 2009

La cocaína, el afrodisíaco de la impotencia

Fuente: Publico.

Los sexólogos están habituados a recibir en sus consultas a personas con trastornos en sus relaciones íntimas relacionados con el abuso de drogas. Sin embargo, no hay muchos estudios que hayan profundizado en este problema, que está más extendido de lo que se pudiera pensar, al menos según los resultados de una investigación realizada por un grupo de profesores de la Universidad de Granada sobre una pequeña muestra de adictos a distintas sustancias de esta provincia y también de Alicante.

Este trabajo, realizado sobre un grupo de 120 sujetos drogodependientes (104 varones y 16 mujeres) de 32 años de media, revela que el 72% de los hombres con problemas de adicción a alguna sustancia ha consumido drogas para ser capaces de mantener una relación sexual.

Asimismo, el 65% ha empleado en ocasiones los estupefacientes para mejorar la satisfacción durante el coito. En el caso de las mujeres sólo el 37% necesita las drogas para tener sexo, aunque el pequeño tamaño de la muestra en este caso no permite sacar conclusiones definitivas, según señala a Público uno de los autores del estudio, Pablo Vallejo.

Cocaína e impotencia

Lo que sí refleja esta investigación, sin lugar a dudas, es que la cocaína es la sustancia reina, seguida del alcohol, a la hora de tratar de mejorar las relaciones sexuales, ya que el 58% de los varones drogodependientes y el 37% de las mujeres la consume con este fin.

Los autores destacan que con la cocaína se produce una paradoja, sobre todo entre los varones, ya que "la droga más empleada como factor potenciador de la sexualidad es, a la vez, la más incapacitante a nivel sexual", ya que es causa clara de impotencia. Vallejo cree que esto puede deberse a que, como ya se ha demostrado, la cocaína consigue, aunque sólo a dosis bajas y en el corto plazo, ciertas mejoras en la potencia y el placer sexual. "Cada vez hacen falta dosis más altas para conseguir los mismos resultados y llega un momento en el que ya no se produce erección; además de los efectos de la droga, puede darse un condicionamiento al asociarse el estar en la cama con el fracaso y acaba apareciendo la impotencia", explica.

El problema se complica aún más cuando el individuo, que acaba fracasando también a la hora de ajustar las dosis, trata de tomar una droga antagonista para compensar los efectos de una sustancia, como ocurre con el alcohol y la cocaína.

Tal como explica Ignacio Moncada, coordinador del Grupo de Andrología de la Asociación Española de Urología , muchos de los varones empiezan tomando alcohol, después esnifan cocaína para contrarrestar los efectos de la bebida y sentirse más despejados y por último se ven obligados a tomar un fármaco del tipo de Viagra para conseguir la erección". "La cocaína tiene un efecto vasoconstrictor, y dificulta la erección", añade Moncada, que reconoce tener "muchos pacientes consumidores de esta sustancia que están en una situación penosa".

martes, 3 de julio de 2007

Identificada una zona del cerebro implicada en la incapacidad para dejar la cocaína a pesar de su efecto negativo

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland en Baltimore (Estados Unidos) han descubierto en ratas que las neuronas en una parte del cerebro conocida como amígdala basolateral media la conducta persistente inducida por la exposición a la cocaína. Estos resultados, que se publican en la edición digital de la revista 'Nature Neuroscience', sugieren que la amígdala podría participar en la incapacidad de los adictos para modificar su conducta en presencia de las consecuencias negativas de ella.

Los investigadores, liderados por Goeffrey Schoenbaum, entrenaron ratas para que respondieran a un olor para recibir una recompensa y para no responder a otro y así evitar un castigo. Cuando la asociación entre el olor y la recompensa o castigo posterior se invirtió, los animales expuestos a la cocaína antes de aprender tenían dificultades específicas para aprender a detener la respuesta al indicio que antes daba lugar a la recompensa.

Los autores también registraron la actividad en la amígdala basolateral del cerebro de las ratas durante esta tarea e identificaron neuronas que respondían de forma diferenciada a cada olor, una vez que el animal había aprendido qué olor predecía la recompensa o castigo. Cuando la asociación entre el olor y su resultado se invirtió, las respuestas de la mayoría de las neuronas cambiaron entre sí. En contraste, en las ratas que habían sido expuestas a la cocaína antes del aprendizaje muy pocas de las neuronas cambiaron su respuesta.

En otro experimento, los autores lesionaron la amígdala basolateral tanto de las ratas control como de las expuestas a la droga antes del aprendizaje e inversión. Mientras que las lesiones no afectaron la adquisición de las asociaciones entre olor y resultado sí que abolieron el déficit en la inversión de estímulos en los animales expuestos a la cocaína.

Esto apoya según los investigadores la idea de que la amígdala basolateral inhibe la capacidad de las ratas expuestas a la droga para adaptar su conducta ante los posibles sucesos imprevistos de su entorno.

Fuente: europapress.