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lunes, 6 de abril de 2009

La revolución de la inteligencia 'verde'

Fuente: El Mundo.

No basta con reciclar. Ni con comprar alimentos biológicos. Ni con cambiar las bombillas o desconectar los enchufes... «Esos pasos son necesarios pero insuficientes, porque lo que hay que cambiar realmente es nuestro modo de pensar. Todos nuestros actos tienen un impacto en el medio ambiente: negarlo es de ignorantes».

Estamos al habla con Daniel Goleman, el autor de Inteligencia emocional, que acaba de darle una nueva vuelta de tuerca al concepto con Inteligencia ecológica (Kairós), que llega el próximo lunes a las librerías españolas. A más de uno le sonará a «oportunismo verde», pero lo que propone Goleman es un concepto tan revolucionario como el que le hizo célebre en los años 90.

La revista Time acaba de destacar su nuevo libro entre las «10 ideas que están cambiando el mundo». La idea no es nueva. Hace cuatro años, el psiquiatra Ian McCallum publicó una obra del mismo título que fue un bestseller. «Nos cuesta admitir que somos parte de la gran diversidad de la naturaleza», advierte McCallum. «Nos hemos colocado ignorante y arrogantemente en el vértice de la creación, y va siendo hora de bajarnos de ese precario pedestal».

Daniel Goleman recoge ahora el testigo y entra a trapo en la cuestión de nuestra «ignorancia ecológica». «El problema tiene su raíz en la desconexión profunda entre el hombre y la naturaleza que se produce con la revolución industrial», declara el autor a EL MUNDO, desde su retiro bucólico en Massachusetts.

«Mientras la gente vivía en las granjas y en contacto con la tierra, existía una memoria ecológica que pasaba de generación en generación», agrega Goleman. «Con la inmigración masiva a las ciudades ese conocimiento se perdió, y también el contacto directo con los ciclos de la naturaleza. Hemos levantado una barrera que nos aísla del mundo natural y nos impide ver las consecuencias de nuestros actos».

Goleman se ha propuesto combatir esa «ignorancia» con la herramienta más básica: información. «Cuando la gente conozca el coste real de todo lo que consumimos, cambiará radicalmente de comportamiento», asegura. «Estamos a las puertas de una revolución ecológica que va a consistir ni más ni menos que en la divulgación de ese conocimiento que hasta ahora ha sido ocultado a la opinión pública».

Calcular la huella de carbono de los productos no es más que el principio, según Goleman. «Los ecologistas industriales llevan más de una década perfeccionando alternativas más completas como la evaluación del ciclo de vida (LSA), que permite calcular el impacto de un producto durante su fabricación, transporte, uso y tratamiento como desecho. En internet hay ya herramientas como GoodGuide.com, que evalúa hasta 70.000 productos por su impacto ecológico».

Tarde o temprano, vaticina, «los productos tendrán un precio ecológico y las empresas rivalizarán por reducirlo para atraer al consumidor compasivo, aquel que ha decidido alinear sus valores con sus dólares». Le preguntamos si no existe el riesgo de caer en un nuevo «elitismo ecológico», con una minoría que tendrá acceso a esa información privilegiada a tavés de su iPhone y una mayoría que seguirá adquiriendo productos más dañinos para la salud y el medio ambiente porque son más baratos y no tienen otra opción.

«Yo creo que la revolución ecológica va a llegar a todos», dice Goleman. «Y me llena de esperanza ver en la Administración Obama a asesores como Cass Sunstein, que sostiene que no basta con que el Gobierno regule sino que en cuestiones como la salud y el medio ambiente hacen falta empujones para que la gente pueda elegir mejor».

En opinión de Goleman, la «inteligencia ecológica» puede ser también el «pegamento necesario» entre dos mundos que hasta ahora se daban la espalda: «Los ecologistas han de admitir su parte de culpa por no haber sido efectivos a la hora de embarcar a la empresas en la tarea común de un planeta mejor».

La otra gran asignatura pendiente es la educación, y Goleman prevé una revolución verde en las escuelas para cambiar radicalmente el modo en que los niños se aproximan a la ciencia: «Los chavales aprenderán a calibrar el impacto real de todas y cada una de sus elecciones personales. En eso consiste la inteligencia ecológica».

Un divulgador pionero

>Meditación. Daniel Goleman es uno de los pioneros en el estudio científico de la meditación. En 1988 escribió ‘La mente meditativa’ (1988) y en el 2005 allanó el camino a la participación del Dalai Lama en la Conferencia Internacional de Neurociencia.

>Emociones. En 1995, 'Inteligencia Emocional' fue el libro de ensayo más vendido en el mundo. En esta obra, Goleman explica cómo nuestra capacidad para identificar, evaluar y controlar nuestras emociones (EQ) puede ser un factor tan decisivo o más que el coeficiente de inteligencia (IQ).

>Empatía y conciencia. En el 2006, Goleman da una nueva vuelta de tuerca al concepto y populariza el concepto de 'Inteligencia Social', explorando factores como la 'empatía' o la 'conciencia situacional'.

lunes, 16 de marzo de 2009

Crean el mapa cerebral más completo de la inteligencia humana

Fuente: Tendencias Cientificas.

Un equipo de neurocientíficos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) ha realizado el mapeo cerebral más global de las habilidades cognitivas humanas realizado hasta la fecha.

Sus resultados han proporcionado una nueva comprensión sobre cómo diversos factores de nuestra inteligencia, mensurables con la puntuación de un “cociente de inteligencia” (IQ), dependen de regiones particulares del cerebro.

El neurocientífico Ralph Adolphs, profesor de psicología y neurociencias en el Caltech, y sus colaboradores reunieron mapas del cerebro realizados con dos tecnologías altamente avanzadas: las imágenes por resonancia magnética (MRI) (técnica que utiliza el fenómeno de la resonancia magnética para obtener información sobre la estructura y composición del cerebro); y la tomografía computerizada (CT) (que genera una imagen tridimensional del cerebro).

Todas estas imágenes fueron tomadas de un total de 241 pacientes neurológicos del registro de lesionados cerebrales de la Universidad de Iowa.

Relacionando el IQ con el cerebro

Estos pacientes presentaban algún grado de discapacidad cognitiva debido a infartos, resección de tumores o traumas en el cerebro.

Todos ellos fueron sometidos a un test de inteligencia denominado Wechsler Adult Intelligence Scale (WAIS), que es el test de inteligencia más usado en el mundo y que analiza la inteligencia global de los individuos, desde distintos aspectos.

El test WAIS refleja, en concreto, cuatro indicadores de inteligencia: el índice de comprensión (habilidad para entender y producir discursos y usar el lenguaje); el índice de organización perceptiva (procesamiento visual y espacial); el índice de memoria de trabajo (habilidad para guardar temporalmente información en la mente); y el índice de velocidad de procesamiento.

Después de transferir las imágenes cerebrales obtenidas a un marco de referencia común, desarrollado por la neurocientífico de la Universidad de Southern California, Hanna Damasio, y utilizando una técnica denominada voxel-based symptom-lesion mapping (mapeo de síntoma de lesión basado en voxel), donde cada voxel es una medida tridimensional de un volumen de un milímetro cúbico, Adolphs y sus colaboradores pudieron relacionar la localización de las lesiones cerebrales de los pacientes con las puntuaciones obtenidas por éstos en el test WAIS.

Mapeo de las habilidades cognitivas

Según declaró Adolphs en el comunicado del Caltech, con esta combinación de datos “la primera pregunta a la que hemos respondido es si había algunas partes del cerebro claves para la puntuación en los indicadores del test o si estas partes se encontraban distribuidas de una forma que no podían ser mapeada”.

Los resultados demostraron que sí podía mapearse la inteligencia: a excepción de la velocidad de procesamiento, que parece repartirse por todo el cerebro, el mapeo de las lesiones de los pacientes demostró que los otros tres indicadores de nuestra inteligencia dependen de áreas específicas del cerebro.

Así, las lesiones en la corteza frontal izquierda se asociaron con bajas puntuaciones en el índice de comprensión verbal; las lesiones en la corteza frontal izquierda y parietal (localizada detrás del lóbulo frontal) fueron asociadas con bajas puntuaciones en el índice de memoria de trabajo; y las lesiones en la corteza parietal derecha se relacionaron con las bajas puntuaciones en el índice de organización perceptiva.

El estudio reveló, por otro lado, que se suceden una gran cantidad de superposiciones en las regiones del cerebro responsables de la comprensión verbal y de la memoria de trabajo. Estas dos habilidades cognitivas, que aparecen como separadas en las mediciones del WAIS, podrían por tanto un solo tipo de inteligencia, puesto que tienen un lugar de origen similar en el cerebro.

Apoyo al diagnóstico

Según los científicos, los detalles sobre la estructura cerebral de la inteligencia suministrados por el estudio podrían resultar útiles en futuras revisiones del test WAIS, dado que diversas pruebas de éste están agrupadas en base a similitudes neuroanatómicas.

Además, el mapeo cerebral producido por el estudio podría ser utilizado como una herramienta de diagnóstico. Los especialistas podrían combinar el mapeo cerebral con los resultados de sus pacientes en el test de inteligencia WAIS para localizar áreas del cerebro lesionadas.

“Aunque insuficiente para servir como diagnóstico, el mapeo podría suministrar información que ayude a los médicos a establecer qué partes del cerebro son disfuncionales”, afirmó Adolphs. A la inversa, usar el mapeo cerebral para predecir el IQ de pacientes también sería posible, aseguran los científicos.

Estos descubrimientos proporcionan los mapas cerebrales de los factores de inteligencia y establecen recomendaciones específicas para la interpretación y la aplicación del WAIS al estudio de la inteligencia de personas sanas o con alguna deficiencia cognitiva, explican los investigadores en un artículo aparecido en Neuron.

viernes, 6 de junio de 2008

Las moscas inteligentes viven menos tiempo

Fuente: HispaMp3.

Investigadores de la Universidad de Lausana (Suiza) han descubierto que una mayor actividad cerebral en las moscas las lleva a consumir más rápido su energía vital y tiene consecuencias negativas sobre su longevidad.

(EFE) Según los profesores Tadeusz Kawecki y Joep Burger, profesores en el Departamento de Ecología y Evolución de esa Universidad, existe una correlación entre una mayor capacidad de aprendizaje y memorización y el tiempo que vive la mosca del vinagre, informó esa institución académica mediante un comunicado.

Para llegar a ese resultado, los científicos formaron dos grupos de moscas provenientes de la región de Basilea (norte de Suiza).

El primer grupo fue mantenido en su estado natural, mientras que en el segundo se estimuló al máximo el cerebro de los insectos, a los que se enseñó a asociar un olor de comida con un gusto, agradable o no.

"No se trata de producir una capacidad desconocida en las moscas, sino de mejorar una que ya existe naturalmente", explicó Kawecki.

Las conclusiones del resultado indican que las moscas que se mantuvieron en su estado natural vivieron entre el 10 y 15 por ciento más que las que aprendieron y memorizaron, es decir 54 días en lugar de 45.

En otras palabras, cuanto más inteligente se vuelve una mosca del vinagre, menos tiempo vive, ya que una actividad neuronal sostenida aceleraría su envejecimiento.

También se determinó en esta investigación que se necesitan de 30 a 40 generaciones de moscas para producir insectos que aprendan mejor y memoricen por mayor tiempo.

"Teniendo en cuenta que el cerebro consume entre el 20 y el 25 por ciento de la energía de los seres vivos, se puede comprender que los animales dotados de un cerebro menos desarrollado puedan vivir más tiempo", explicaron los profesores.

Como comparación, mencionaron que en el caso de un bebé humano, más de la mitad de lo que come sirve para mantener y construir su cerebro.

jueves, 27 de diciembre de 2007

La asombrosa inteligencia de una neurona

Fuente: El Universal.

La inteligencia que puede llegar a tener una única neurona ha estado infravalorada hasta ahora, cuando tres estudios coinciden en que una única célula cerebral es capaz de reconocer el sentido del tacto sin ayuda alguna o de activar la función de toma de decisiones o de aprendizaje.

Según publicó la revista científica británica "Nature", una a una, las neuronas contribuyen mucho más a nuestro comportamiento, capacidad de decisión y cálculo de lo imaginado nunca.

Uno de los principales problemas que afronta el cerebro de los mamíferos es de abastecimiento: no contamos con suficientes células nerviosas como para contar con una responsable para cada percepción, comportamiento o memoria.

Para incrementar su potencial de almacenamiento, el cerebro actúa de manera semejante a una orquesta sinfónica interactuando varias áreas entre sí, al tiempo que se sirve de las sinapsis -transmisión de señales entre neuronas- para formar una red de circuitos neuronales.

Los tres informes publicados ahora, sin embargo, reclaman el papel que cada neurona es capaz de jugar de forma individual.

Dirigido por la estadounidense Karel Svodoba, del Instituto Médico Howard Hughes de Virginia, el primero de los estudios se elaboró a partir de un nuevo método para estimular con luz las neuronas situadas en la zona del cerebro del ratón encargada de controlar el tacto de los bigotes.

El equipo de científicos demostró que una breve ráfaga de actividad en menos de un centenar de neuronas es todo lo que el cerebro necesita para activar la función de toma de decisiones o de aprendizaje.

El segundo estudio se propuso determinar la influencia de una única célula en la capacidad de las ratas de procesar el sentido del tacto.

Liderados por Michael Brent y Arthur R. Houweling, de la Universidad Humboldt, en Berlín, los investigadores recurrieron a la estimulación eléctrica de una neurona de la corteza cerebral para descubrir que un ligero aumento de su actividad ya incide directamente en el desarrollo de la sensibilidad al tacto del animal.

De nuevo Svodoba y esta vez junto al también norteamericano Christopher D. Harvey, abordaron en un tercer estudio la función de las conexiones individuales, o sinapsis, entre neuronas, que permiten a las células nerviosas comunicarse con otras a través de los axones y dendritas.

A medida que crecemos y el cerebro se desarrolla, el número de sinapsis se incrementa o reduce en función de la actividad o ejercicio mental que se realice.

Experimentos anteriores revelaron que la estimulación de una única sinapsis era capaz de modificar su solidez y fuerza, pero los modelos realizados con ordenador observaron que, en estos casos, se producen interferencias entre una sinapsis y sus vecinas.

Los científicos confirman en este tercer estudio que las sinapsis cercanas a las conexiones que han sido reforzadas también terminan siendo más fáciles de potenciar.

De este forma, sus descubrimientos aluden a la existencia de un tipo de sistema de clasificación neuronal donde las interacciones locales entre sinapsis vecinas pueden llegar a permitir la agrupación de modelos de almacenamiento de memoria.

jueves, 20 de diciembre de 2007

La inteligencia de las neuronas

Fuente: HispaMp3.

La inteligencia que puede llegar a tener una única neurona ha estado infravalorada hasta ahora, cuando tres estudios coinciden en que una única célula cerebral es capaz de reconocer el sentido del tacto sin ayuda alguna o de activar la función de toma de decisiones o de aprendizaje.

(EFE) Según publica hoy la revista científica británica "Nature", una a una, las neuronas contribuyen mucho más a nuestro comportamiento, capacidad de decisión y cálculo de lo imaginado nunca.

Uno de los principales problemas que afronta el cerebro de los mamíferos es de abastecimiento: no contamos con suficientes células nerviosas como para contar con una responsable para cada percepción, comportamiento o memoria.

Para incrementar su potencial de almacenamiento, el cerebro actúa de manera semejante a una orquesta sinfónica interactuando varias áreas entre sí, al tiempo que se sirve de las sinapsis -transmisión de señales entre neuronas- para formar una red de circuitos neuronales.

Los tres informes publicados ahora, sin embargo, reclaman el papel que cada neurona es capaz de jugar de forma individual.

Dirigido por la estadounidense Karel Svodoba, del Instituto Médico Howard Hughes de Virginia, el primero de los estudios se elaboró a partir de un nuevo método para estimular con luz las neuronas situadas en la zona del cerebro del ratón encargada de controlar el tacto de los bigotes.

El equipo de científicos demostró que una breve ráfaga de actividad en menos de un centenar de neuronas es todo lo que el cerebro necesita para activar la función de toma de decisiones o de aprendizaje.

El segundo estudio se propuso determinar la influencia de una única célula en la capacidad de las ratas de procesar el sentido del tacto.

Liderados por Michael Brent y Arthur R. Houweling, de la Universidad Humboldt, en Berlín, los investigadores recurrieron a la estimulación eléctrica de una neurona de la corteza cerebral para descubrir que un ligero aumento de su actividad ya incide directamente en el desarrollo de la sensibilidad al tacto del animal.

De nuevo Svodoba y esta vez junto al también norteamericano Christopher D. Harvey, abordaron en un tercer estudio la función de las conexiones individuales, o sinapsis, entre neuronas, que permiten a las células nerviosas comunicarse con otras a través de los axones y dendritas.

A medida que crecemos y el cerebro se desarrolla, el número de sinapsis se incrementa o reduce en función de la actividad o ejercicio mental que se realice.

Experimentos anteriores revelaron que la estimulación de una única sinapsis era capaz de modificar su solidez y fuerza, pero los modelos realizados con ordenador observaron que, en estos casos, se producen interferencias entre una sinapsis y sus vecinas.

Los científicos confirman en este tercer estudio que las sinapsis cercanas a las conexiones que han sido reforzadas también terminan siendo más fáciles de potenciar.

De este forma, sus descubrimientos aluden a la existencia de un tipo de sistema de clasificación neuronal donde las interacciones locales entre sinapsis vecinas pueden llegar a permitir la agrupación de modelos de almacenamiento de memoria.

miércoles, 17 de octubre de 2007

El genetista James Watson afirma que los blancos son más inteligentes que los negros

Fuente: El Pais.

Uno de los padres de la genética moderna, premio Nobel y codescubridor de la doble hélice de ADN, el estadounidense James D. Watson, de 79 años, ha vuelto a desencadenar una controversia planetaria por unas declaraciones en el diario The Sunday Times. Watson afirma que los negros son menos inteligentes que los blancos. "Todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra, mientras todas las pruebas muestran que no es realmente así", afirma el científico.

No es la primera vez que Watson desata las iras de la comunidad científica y de grupos de derechos civiles. En su día llegó a decir que una mujer debería tener derecho a abortar si los análisis preparto mostraban que su hijo iba a ser homosexual, informa The Independent.

Esta vez, Watson ha dicho, además, que las políticas occidentales hacia los países africanos están basadas en la asunción errónea -a su juicio- de que las personas negras son tan listas como las blancas, a pesar de que las "pruebas" sugieren lo contrario. Watson asegura que los genes responsables de las diferencias de inteligencia entre los humanos podrán ser encontrados en el plazo de una década.

En 1978, la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, La Ciencia y la Cultura (UNESCO), aprobó la Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales en cuyo artículo 2, punto 1, es dice: "Toda teoría que invoque una superioridad o inferioridad intrínseca de grupos raciales o étnicos que dé a unos el derecho de dominar o eliminar a los demás, presuntos inferiores, o que haga juicios de valor basados en una diferencia racial, carece de fundamento científico y es contraria a los principios morales y éticos de la humanidad".

Sin embargo, Watson responde a este planteamiento en su nuevo libro (Evita aburrir a la gente: lecciones para un vida en la ciencia), que se dispone a publicitar en Reino Unido: "No existe razón firme para avanzar que hayan evolucionado de manera idéntica las capacidades intelectuales de personas separadas geográficamente en su evolución. Para ello no bastará nuestro deseo de atribuir capacidades de raciocinio iguales, como si fueran una herencia universal de la humanidad".

Las primeras reacciones contra las palabras de Watson han provenido de otros científicos. The Independent cita a Steven Rose, profesor de Biología en la Open University y miembro de Sociedad para la responsabilidad en la Ciencia: "Al margen de lo político y lo social, si [Watson] conociera todos los escritos al respecto se habría dado cuenta de que no ha entendido nada".

martes, 9 de octubre de 2007

El 'gran hermano' de los cuervos

Fuente: El Mundo.

GUSTAVO CATALÁN DEUS

MADRID.- Una investigación desarrollada en los bosques de Nueva Caledonia con 18 cuervos que viven en estado de libertad, ha demostrado que son tan ingeniosos –o incluso más– en el manejo de herramientas como los cuervos cautivos de una investigación anterior. La conclusión se desprende de una larga serie de grabaciones que han hecho las propias aves sobre su actividad natural, gracias a unas microcámaras que les fueron acopladas.

El director del estudio, Christian Rutz y su equipo, querían contrastar la actividad de los cuervos filmada en laboratorio en 2005 con la que sucede en la vida natural. Las aves cautivas, de la misma especie que las ahora filmadas (Corvus moneduloides) demostraron utilizar con habilidad herramientas que les ponían –palitos, alambres–, para capturar semillas o insectos, que les colocaban cerca. Incluso aprendieron a usar un palo corto para acceder a uno más largo, que ya les permitía llegar a la recompensa.

Gracias al avance de las tecnologías digitales, ópticas y de frecuencias, Rutz ideó un sistema para situar microcámaras sujetas en las plumas de la cola, capaces de enviar la señal a un receptor. El resultado de la investigación y las imágenes donde se demuestra el ingenio de los cuervos aparecen hoy en la revista 'Science'.

Cuando analizaron los 451 minutos de material grabado por las 18 microcámaras y de otros tantos actores involuntarios de un Gran hermano de la avifauna, descubrieron la alta eficiencia de estas aves para encontrar comida: cada hora de búsqueda dando saltitos por el suelo encontraron ocho pequeñas piezas alimenticias, compuestas de semillas y pequeños insectos.

Pero lo que realmente corroboró los resultados de la anterior investigación, es que estas aves se sirven de hierbas y palitos para hurgar en los agujeros donde se esconde una larva de escarabajo o empujar una semilla que se resiste a salir de una rendija.

Es más, los palitos o tallos secos que les parecieron muy útiles porque les había ayudado a lograr una gratificante recompensa alimenticia, los guardaban para utilizarlos nuevamente, afirma la investigación.

Incluso, uno de los ejemplares que utilizó hasta tres palos distintos para sondear un espacio de suelo blando durante tres cuartos de hora, logrando varias raciones de comida.

La visión de las cámaras, en cuyo encuadre se observa en primer plano las dos patas y al fondo la actividad del pico, demuestra también que estas aves logran su comida fundamentalmente en el suelo, recorriendo a saltitos extensas áreas de sus territorios de recolección.

Los investigadores añaden de que el uso de estas microcámaras puede aportar valiosos datos de otras especies. En el caso de este estudio, las cámaras se sujetaron a unas alas que se mudan cada año, por lo que estaba garantizado que el cuervo no tendría que cargar con ella toda su existencia.

lunes, 24 de septiembre de 2007

La “chispa” del Neandertal

Fuente: El Cultural.

Un reciente artículo de la revista Journal of Human Evolution analiza la mente de los Neandertales, su comportamiento cognitivo y sus pequeñas, pero decisivas, diferencias con nuestra especie. Su autor, Manuel Martín-Loeches, director del área de Neurociencia Cognitiva del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, explica para El Cultural las características de estos humanos en la batalla por la supervivencia.

Dicen que el comportamiento no fosiliza. Dicen, también, que por eso nunca podremos saber a ciencia cierta cómo era la vida cotidiana de aquellas especies del género Homo que, en la carrera evolutiva, nos precedieron o convivieron con la nuestra. Entonces, del pensamiento, que no es otra cosa que comportamiento interno, comportamiento cognitivo, mejor ni hablamos. Pero esto no es así, afortunadamente. La ciencia no necesita ver ni tocar aquello de lo que puede hablar, y hablar con propiedad. La historia y el presente son pródigos en ejemplos. Pues bien, en el campo del comportamiento humano, incluido el comportamiento cognitivo, es mucho lo que ahora mismo se puede decir de especies antecesoras o hermanas de la nuestra, de especies que vivieron hace nada menos que centenares de miles de años.

Si hay una especie de nuestro género que haya despertado verdaderas pasiones (y nos podemos remitir a las novelas, documentales y libros que han aparecido en los últimos años), esa es la del Hombre de Neandertal, ese europeo que apareció en escena hace al menos 200.000 años y que desapareció para siempre hace unos 30.000, tras haber convivido en Europa con nosotros durante sus últimos 10.000 años. Numerosos y recientes avances científicos están permitiendo ir más allá de las meras evidencias y ofrecer una visión bastante completa del comportamiento de esta especie hermana a la nuestra. Una visión que incluye el comportamiento cognitivo, la mente del Neandertal.

Mutación genética
Una mente que era en todo muy similar a la nuestra. Pero les faltaba algo, una pequeña pieza en el engranaje mental cuya presencia en nuestra especie hizo de ésta la vencedora absoluta en la lucha por la supervivencia. Esa pequeña (pero tan valiosa) pieza la conseguimos por una pequeña mutación genética que debió ocurrir hace no mucho más de 150 mil años, incluso puede que mucho menos.

La consecuencia de esa pequeña mutación fue que, prácticamente de la noche a la mañana, y tras muchos miles de años con una mente muy similar a la de los neandertales, nosotros empezamos a ser capaces de retener y manejar más cantidad de información en nuestra mente que ellos. Esto nos permitió tener una mayor visión (en el sentido amplio de la palabra) del pasado, del presente y hasta del futuro y, por lo tanto, ir más allá de las meras apariencias. Es lo que en términos de la Psicología Cognitiva se conoce como memoria operativa (en inglés, working memory), una función que reside en la corteza cerebral, especialmente en las regiones frontales, temporales y parietales. Lo que aumentó en nosotros fue la capacidad de este tipo de memoria. Esa mutación bien podría haber ocurrido en el Neandertal, ya que su cerebro estaba tan preparado como el nuestro para haberla acogido, pues era tan grande o más que el nuestro. Pero no ocurrió.

Como resultado de esa mayor capacidad para retener y manejar información en nuestra mente, empezamos a poder establecer relaciones entre acontecimientos que antes habríamos sido incapaces de ver. Esto nos permitió razonar mejor, tomar mejores decisiones y, en definitiva, pensar mejor. Nos permitió ser más inteligentes. No en vano la memoria operativa y la inteligencia están tremendamente relacionadas.

Pues bien, para saber cómo era la mente del Neandertal no hay más que trabajar en sentido inverso. Es decir, tenemos que ver qué le ocurriría a nuestra mente si le quitáramos esa pequeña pero importante capacidad adicional. Al tener menor capacidad de memoria operativa que nosotros, los neandertales serían menos creativos. Para crear tenemos que anticipar, relacionando experiencias pasadas y presentes con posibles situaciones futuras. Que los neandertales tenían una mínima capacidad creativa está fuera de duda. Su tecnología era más avanzada que la de otras especies predecesoras dentro del linaje humano. Pero su creatividad debió ser muy limitada y poco frecuente, ya que mantuvieron durante un larguísimo período de tiempo una forma de elaborar herramientas que apenas evolucionó.

La poca capacidad de los neandertales para anticipar acontecimientos explicaría algunos de los rasgos más sobresalientes de su personalidad. Cuando cazaban se exponían sin contemplaciones a situaciones altamente peligrosas con tal de conseguir sus objetivos más inmediatos (la caza y el posterior banquete que saciaría su apetito). No pensaban en el peligro que corrían por no tener capacidad para ello, por no caberles en sus mentes. Fruto de ello, los neandertales eran valientes, intrépidos, desafiantes. Dicen que la ignorancia es atrevida.

Su lenguaje también era más limitado que el nuestro. Pero no porque pudieran emitir menos fonemas que nosotros, como se venía diciendo hasta ahora. Es más, se ha demostrado recientemente que esta limitación en realidad no existió. La razón la encontramos en que nuestro lenguaje requiere, de manera constante, una memoria operativa de gran capacidad. Es aquí donde radica una de las claves de nuestra sintaxis (las reglas de combinación de palabras), que la hacen única en el reino animal y diferente de la que pudieron tener los neandertales. En una oración medianamente compleja como “el niño, tras visitar a su tío que estaba enfermo y comprar el pan para la cena, llegó muy tarde a su casa” unimos sin problemas la forma verbal “llegó” con el sujeto “el niño”, a pesar no sólo de que éste último ha aparecido un tiempo antes, sino que además se ha interpuesto una gran cantidad de información entre uno y otro elemento. Hemos podido constatar cómo oraciones de este tipo activan más la corteza cerebral que oraciones más sencillas, reflejo de la mayor cantidad de memoria operativa utilizada. Un neandertal sería incapaz de saber quién llegó tarde a casa.

Sintaxis primitiva
Pero tenían sintaxis, aunque fuera un tanto simple. Se piensa que el principio de “el agente va primero”, que permite entender sin problemas que en la oración “Juan pegar Pedro” el que pega es Juan simplemente porque aparece en primer lugar, es un “fósil viviente” de un tipo de sintaxis que ya poseían no sólo los neandertales, sino incluso especies anteriores en el tiempo. Una sintaxis ruda y primitiva, quizás, pero de enorme utilidad para ser el cazador y no la presa.

Los cánticos de los neandertales también debieron ser muy simples. En la música hay elementos, como las notas o los acordes, que se combinan en base a unas reglas, dando lugar a secuencias con una estructura. Las secuencias musicales, a su vez, se combinan entre sí de una manera jerárquica, provocando distintas situaciones de tensión y relajación a lo largo de una melodía. En las obras maestras de los grandes compositores esta sintaxis de la música se está poniendo en juego continuamente, utilizando para ello gran parte de nuestra capacidad de memoria operativa. Es evidente que entre nuestros hermanos evolutivos no podría haber surgido un Mozart. Tampoco hubieran sabido apreciar su obra.

Creencias religiosas
Por último, los neandertales contaban con ese mecanismo lógico que busca agentes causales, es decir, quién o qué ha sido la causa de algo. Por tanto, contaban con lo imprescindible para tener creencias religiosas. Es más, parece que los neandertales celebraban ceremonias funerarias, lo que da idea de su creencia en un “más allá”. Pero sus creencias y actitudes religiosas eran pobres y sencillas. No eran capaces de elaborar complejas explicaciones teológicas como las nuestras. Tampoco tenían mitos con los que explicar el mundo y sus extrañas circunstancias. Esta religiosidad tan limitada explicaría, en último término, la ausencia de arte en esta especie. Con su memoria operativa no eran capaces de entender para qué podría servir una obra de arte.

Si quiere usted saber cuál es su capacidad de memoria operativa, pídale a un amigo que le diga cuatro números al azar. Intente repetirlos en orden inverso. Si lo consigue, pruebe con otros cinco números diferentes. Si lo consigue, pruebe con otros seis. La mayoría de los miembros de nuestra especie no es capaz de pasar de cinco. Los neandertales no pasarían de dos o tres.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Un niño de 2 años es más inteligente que un mono por cultura, no por cerebro

Fuente: Electrónicafacil.

Un simio es capaz de hacer pequeñas sumas y de usar herramientas que un niño de dos años no sabe ni cómo coger, pero el pequeño es desde esa edad ya más inteligente por haber aprendido culturalmente a interpretar intenciones y a imitar a los adultos para resolver un problema, no porque tenga un cerebro más grande.


Es decir, la inteligencia humana se debe a una especialización de la cultura, y no a una inteligencia general asociada al mayor tamaño cerebral, según una investigación realizada durante los últimos cuatro años por un equipo internacional en el que han participado los españoles Josep Call y Victoria Hernández-Lloreda.

Hernández-Lloreda explicó a Efe que para su investigación, que mañana publica la revista Science, se ha aplicado "una amplia batería de tests cognitivos" a 106 chimpancés y 32 orangutanes, y a 105 niños de 2 años de edad.

Para igualar las condiciones de aplicación de los tests a las diferentes especies llegaron a poner una barrera de plexiglás entre quien realizaba las pruebas y el niño, a fin de simular el mismo entorno en el que se hacían a los simios.

Los dos obtuvieron resultados muy similares en los tests relativos al conocimiento del mundo que les rodea, e incluso los chimpancés mejor que los niños en operaciones de rotación, sumas de pequeñas cantidades y uso de herramientas.

Sin embargo, los pequeños, lejos aún de la edad de escolarización en la que aprenden a contar y a leer, tuvieron mejores resultados en tareas relacionadas con la comprensión del mundo social.

Si los niños simplemente tuvieran más inteligencia general que los grandes simios, se deberían haber encontrado diferencias sistemáticas en todas las áreas, pero no fue así.

Las mayores capacidades de los niños en cognición y aprendizaje social a esa edad, cuando aún sus capacidades de cognición física son como las de los grandes simios, sugieren una adaptación biológica específica para la vida social y la cultura.

A partir de esas habilidades están preparados para adquirir otras más complejas y gran cantidad de información a través tanto de la imitación como de la instrucción.

Sin esas capacidades socio-cognitivas los niños avanzarían muy poco con respecto a los grandes simios en sus capacidades matemáticas, por ejemplo, ya que no podrían utilizar los símbolos numéricos, explicó Hernández-Lloreda, profesora del departamento de Metodología de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Por lo tanto, son las habilidades socio-cognitivas las que dan la clave para entrar en el mundo de la cultura, y crecer dentro de un grupo cultural permite a los niños beneficiarse de las habilidades y el conocimiento adquiridos por el resto de la especie, acceder al uso de herramientas y símbolos, incluido el lenguaje, que otros ya han desarrollado.

El experimento, para el que Hernández-Lloreda elaboró el desarrollo psicométrico de la batería de tests, se realizó en el instituto Max Plank de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), donde trabaja Call, que es además codirector del Wolfang Köhler Primate Research Center.

El trabajo se enmarca en una colaboración entre el instituto Max Plank y la Universidad Complutense, que comenzó en 2003 y se formalizó con un convenio de colaboración hace dos años entre la institución alemana y el grupo de estudio de las relaciones sociales de la UCM del que forma parte Hernández.-EFE

sábado, 26 de mayo de 2007

La genética se podrá emplear para potenciar la inteligencia

El ‘padre’ del mapa del genoma humano, Francis S. Collins, sostiene que en 10 ó 15 años

La investigación genética se enfrenta a «una revolución» en los próximos 10 ó 15 años, con la transferencia de sus aplicaciones y usos, ahora solo médicos, a otros posibles ámbitos como la mejora de la inteligencia o la ética, y eso incitará debates sociales y un mayor control de posibles fraudes genéticos.

Así lo manifestó ayer en Madrid durante una rueda de prensa el profesor Francis S. Collins, director del Instituto de Investigación del Genoma Humano.

Acompañado del científico Santiago Grisolía, Collins vaticinó cambios «en los próximos 10 ó 15 años, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento» de la genética, y añadió que «vamos a ver una crisis importante sobre cómo se ejerce la genética en la medicina y en otras áreas del comportamiento humano, tales como la inteligencia o la ética».

La discusión recaerá no solo en los políticos, sino también ampliamente en la sociedad, porque en el campo de la genética «aún queda mucho camino por andar», añadió este experto, a quien se debe la supervisión del Consorcio Internacional de Secuenciación del Genoma Humano, que logró ordenar el código completo del ADN de las personas, el Proyecto Genoma Humano.

Collins, director actualmente del proyecto Nhgri, cuyo objetivo es asegurar que ese hallazgo se traduzca en herramientas para avanzar en el conocimiento biológico y mejorar la salud humana, añadió que en el campo genético se está trabajando intensamente para conocer cómo funcionan los procesos de activación o desactivación de genes, es decir, en la parte regulatoria.

«Una cosa es ver todos los segmentos de ADN que codifican y otra saber cómo se activan o desactivan; se necesita entender no solo las instrucciones que se dan en el proceso sino cómo se dan», recalcó este investigador de enfermedades como la diabetes o la progeria, que es un tipo de envejecimiento prematuro.

En estos momentos, «se dispone del manual de instrucciones» en relación con este DNI humano, y añadió que «estamos aprendiendo a leerlo, pero hay tres billones de letras, lo que supone mucha información; tenemos que ver cómo funcionan todas las partes». «Nos ha sorprendido mucho ver los pocos que hay; pensábamos que serían más de 100.000 pero son unos 20.000, no llegan a esa cifra», agregó.

«El genoma de una persona debe ser privado», sostuvo Collins, quien advirtió de los problemas de una supuesta publicidad de la identidad genética de una persona, que podría condicionar su futuro ante un posible ascenso laboral o el acceso a un seguro.

Sobre la diabetes, subrayó que se trata de «un mal en aumento», no tanto por motivos genéticos, sino por la alimentación actual y la falta de ejercicio, aunque se empieza a «arrojar luz en la oscuridad». Últimamente, se ha producido «una explosión de información, y ahora conocemos al menos 10 variaciones en el genoma que confieren riesgo de padecerla».


Fuente: La Tribuna digital.

sábado, 19 de mayo de 2007

Los dolores de cabeza tienen un beneficio: mejoran la capacidad intelectual

Un reciente estudio científico sobre 1.448 mujeres descubrió que quienes sufren estas graves jaquecas poseen un mayor desarrollo cognitivo.
El estudio comenzó en 1993 y culminó doce años después, con sorprendentes resultados.

Según un reciente estudio científico, las mujeres que sufren de migrañas poseen una capacidad cognitiva superior a las que no las padecen. Este estudio que comenzó en 1993 finalizó 12 años después con insospechados resultados.

Alrededor del 12% de la población mundial sufre este tipo de jaquecas sobre la que todavía no se conoce su devenir biológico, y que, además de mejorar las capacidades intelectuales en quienes la soportan, también producen depresión, cansancio, mareos, dolores corporales y falta de energía.

Las 1.448 mujeres que participaron en esta investigación que comenzó en 1993, y entre las cuales había 204 que padecían estas fuertes dolencias, se sometieron a una serie de pruebas cognitivas como, por ejemplo, recordar palabras.

En 2005, 12 años después, estas mismas mujeres volvieron a someterse a los mismos ejercicios con un resultado sorprendente: aquellas mujeres que no sufren migrañas habían empeorado en su capacidad intelectual, en promedio, un 17% más que aquellas que sí tratan con ellas.

La responsable de esta investigación, Amanda Kalaydjian, de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, en los Estados Unidos, no cree posible que estos resultados se den por la medicación particular que puedan tomar las afectadas, en cambio ensaya otra posible condición.

"A pesar de estas teorías, parece más probable que haya un mecanismo biológico subyacente, como cambios en los vasos sanguíneos o diferencias subyacentes en la actividad cerebral, que acabe disminuyendo el deterioro cognitivo con el tiempo", estima, aunque aclara que esta es una primera fase en estas investigaciones que publicará la revista Neurology.

Fuente: minutouno.

miércoles, 2 de mayo de 2007

El genio está en los genes

A los cuatro años ya había leído los cuatro tomos de Harry Potter y toda la colección «Barco de Vapor», recomendada a partir de los doce años, y escribe correctamente desde los cinco.
Carmela tiene once años y estudia 5º de Primaria. Afortunadamente, al poco de llegar al colegio -el San Estanislao de Kostka (SEK), de Madrid- la psicóloga llamó a sus padres y les pidió autorización para hacerle las pruebas de identificación de la superdotación o de las altas capacidades. «Tenía un nivel altísimo -dice Judith, su madre- y no había lugar a engaño».
Mientras esperamos a que Carmela salga de clase, su madre recuerda cómo fueron conscientes de que su hija tenía una «inteligencia y creatividad por encima de los demás niños». Dice que ese privilegio está en los genes. «Toda la familia leía a los dos años», dice Judith, al tiempo que lucera: «Mi padre y mi abuelo fueron premios fin de carrera de Medicina y de Políticas y yo a los dos años y medio me leía a Mortadelo y Filemón». Pero, «no se nos identificó. Éramos sólo niños precoces. Y lo que es peor, los demás nos consideraban como el repelente niño Vicente». Este no es el caso de su hija, identificada a tiempo y bien orientada.
Lenguaje fluido
«Carmela comenzó a hablar correctamente pero, al contrario de la lectura, no lo hizo a edad temprana porque sabía que no necesitaba el lenguaje oral para hacerse entender. Eso sí, lo hizo de manera fluida desde el principio», asegura Judith. Como ejemplo recuerda como un día le sorprendió con la frase «¡Qué contenta estoy hoy, dijo Paco Pico!» o repitiendo de corrido el abecedario. La había aprendido en un libro que le hizo comprar a su madre en unos grandes almacenes.
En este momento de la conversación, gritos y risas infantiles anuncian la llegada de Carmela que, de inmediato, se integra en el diálogo. Es una niña menuda, simpática y dicharachera, de risa contagiosa y con capacidad de liderazgo.
¿Te molesta que te llamen superdotada? «Al principio, sí -responde- pero ahora, no. ¿Por qué me va a molestar si es lo que soy?».
En esta adaptación, tal vez tiene mucho que ver la formación que recibe en el «Programa Estrella», pionero en España, que la institución SEK instauró hace 17 años en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid para dar respuesta a las necesidades de escolares como Carmela y a sus familias. Tras esta iniciativa, organismos públicos y privados han extendido otras similares.
«Nadie me llama empollón»
Luz Pérez, profesora titular de Psicología Evolutiva en la Facultad de Educación de la Complutense e impulsora del programa, señala que «estos alumnos aceptan su condición con normalidad y se relacionan con los demás sin problemas». Sus palabras lo confirman: «Yo me lo paso muy bien aquí porque no soy la más lista», comentaba una alumna de 2º de la ESO a un chico de su misma edad. Y ésta fue su respuesta: «A mí me gusta venir porque puedo decir lo que quiero y nadie me llama empollón».
Se consideran superdotados a quienes cuentan «con un coeficiente intelectual superior a 130» y muestran un nivel de rendimiento intelectual superior al resto en un amplio abanico de aptitudes y capacidades. A las personas con un cociente de entre 120 y 130 y con talento en determinadas áreas se les incluye dentro del grupo de altas capacidades. Los expertos suelen hablar más de altas capacidades aunque el lenguaje coloquial engloba a todos bajo al denominación de superdotados.
Las leyes educativas les otorgan un tratamiento específico como alumnos con necesidades educativas especiales y les permiten sobrepasar tres cursos en la enseñanza obligatoria y uno en la no obligatoria.
Carmela sigue el que le corresponde y tiene un horario que, para un niño de su edad, parece exhaustivo. «Voy a mi curso -dice-, hay algunas cosas que me cuestan un poco más. Estudio menos y saco las mismas notas. Con 20 minutos tengo suficiente para hacer los deberes».
Además, hace cine -series de televisión y películas-, monta a caballo, toca el violonchelo, canta en el coro y forma parte del grupo de teatro del colegio. Y, por si fuera poco, cada semana asiste al mencionado programa del SEK, donde se familiariza con la astrofísica, la informática o los juegos de la mente. «La tenemos sobrecargada -explica su madre- porque hasta hace poco no necesitaba aprender. Y, cuando el nivel va subiendo, nos encontramos con la falta de disciplina de estudio».
«Actriz o bióloga marina»
La vocación artística de Carmela todavía no está asentada. «Quiero estudiar arte dramático o biología marina», porque «el cine me divierte mucho. Y hasta un día me olvidé de que estaba delante de una cámara y otro escribí un guión. Pero, el mar me parece apasionante».
Mientras, aprende a llenar ese tiempo que a la mayoría les falta y a ella le sobra, y a descubrir esas pequeñas cosas de la vida como «saber qué zapatos debe ponerse en cada momento y cómo atárselos bien». Por encima de todo, es una niña feliz.


Fuente: ABC.es.