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jueves, 23 de agosto de 2007

Usan restos de pingüinos para medir el movimiento del hielo antártico

Fuente: Solo Ciencia.

Estimando la edad de restos de pingüinos de Adelia usando el método de datación por radiocarbono, un experto ha confeccionado un historial de cambios de ubicaciones de colonias de pingüinos que abarca los últimos 45.000 años, el registro más largo actualmente conocido para cualquier especie de pingüino.

El científico, Steven D. Emslie de la Universidad de Carolina del Norte en Wilmington, ha combinado los datos sobre cambios de ubicación en las antiguas colonias de pingüinos, con datos concernientes a cambios climáticos y a la extensión de mar-hielo para crear un método nuevo y fiable de fechar el movimiento del hielo.

Los pingüinos de Adelia vuelven al mismo sitio año tras año para crear sus nidos, y dejan una abundante cantidad de residuos, incluyendo huesos, tejidos, plumas, excrementos y cáscaras de huevo. Estos materiales se han conservado muy bien en la atmósfera gélida y seca de la Antártida. Emslie, ornitólogo marino en el Departamento de Biología y de Biología Marina, ha encontrado entre los residuos incluso un pingüino completamente momificado, que data de hace unos mil años.

Los pingüinos de Adelia son los más pequeños y más ampliamente distribuidos de todos los pingüinos en la Antártida. Anidan en áreas sin hielo a lo largo de la costa ante mar abierto. Con los restos que dejan, sus colonias históricas marcan el borde del mar y la frontera de las expansiones y contracciones de las capas de hielo. Usando las ubicaciones de estas colonias ancestrales, Emslie determinó que la plataforma de hielo de Ross avanzó al norte en el mar de Ross hasta hace unos 13.000 años, al final de la última edad de hielo, cuando empezó su recesión.

La capa de hielo antártica desempeña un papel crítico en el control del clima global, reflejando la luz del Sol hacia el espacio y refrescando las temperaturas de la tierra y el mar.

Emslie también ha documentado un aparente cambio dietético en los pingüinos que se produjo hace 200 años, junto con la disminución histórica de ballenas y de focas que comen krill en el Océano Antártico. Se sabe que hoy los pingüinos de Adelia en la Antártida se alimentan principalmente de krill. Sin embargo, la investigación de Emslie indica que esta dieta de krill es una reciente adaptación a las condiciones marinas cambiantes, en este caso un cambio de condiciones provocado por los humanos. La dieta anterior de los pingüinos, antes de esa disminución de las focas y las ballenas, se basaba en peces, un recurso de alimentación también muy reducido ahora en el Océano Antártico. Con la biomasa de krill sufriendo grandes disminuciones, por culpa sobre todo de los efectos combinados del calentamiento climático inducido por el hombre y la explotación pesquera del krill, los pingüinos están perdiendo rápidamente sus opciones de presas.

jueves, 21 de junio de 2007

UN ESTUDIO DEMUESTRA QUE EL CEREBELO REFUERZA EL APRENDIZAJE DE LOS MOVIMIENTOS

Un equipo de investigadores formado por Raudel Sánchez Campusano, de la Universidad de Santiago en Cuba, y por Agnès Gruart i Massó y José María Delgado García, de la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, publica hoy miércoles 21 de junio en la revista Journal of Neuroscience un estudio que demuestra que el cerebelo, además de coordinar los movimientos, refuerza el aprendizaje de éstos. Los hallazgos de estos investigadores sugieren que el cerebelo participa tanto en la generación de respuestas motoras reflejas como en las que se acaban de aprender. Fundamentalmente, el cerebelo ayuda a la automatización de los movimientos conforme se van aprendiendo (por ejemplo, aprender a conducir o a tocar el piano) de tal manera que no haya que prestar una especial atención para su correcta realización.

El cerebelo es el centro nervioso que permite dar continuidad, suavidad y armonía a nuestros movimientos. Es una estructura neuronal situada detrás del cerebro, en la porción posterior de la cabeza, justo debajo del hueso occipital. Cuando el cerebelo se lesiona aparecen defectos pronunciados en el mantenimiento de la postura, en el movimiento, e incluso en el habla y en determinados procesos cognitivos. La perfección en los movimientos se debe pues, a un buen funcionamiento del cerebelo, que coordina las órdenes motoras procedentes de la corteza cerebral.

De acuerdo con los datos presentados en dicho trabajo, los investigadores proponen que el cerebelo tiene un papel eminentemente “reforzador” que ayudaría a la realización de los movimientos aprendidos, pero no a su generación y/o inicio. Los comandos motores aprendidos se originarían en un lugar diferente, probablemente en la corteza cerebral motora. Una importante conclusión de este estudio es que una vez que se ha aprendido a realizar un movimiento con la mayor perfección posible, no es posible detectar en la actividad del cerebelo ningún rastro de lo aprendido. Esto quiere decir que si comparamos el cerebelo de una persona que sabe conducir con el de una que no sabe no se podrá notar ninguna diferencia. El cerebelo sólo es funcionalmente diferente en la persona que está aprendiendo a conducir, justo en el momento en que ensaya.

Este estudio ha supuesto más de 5 años de trabajo experimental y para su realización se han empleado sofisticados métodos de registro de la actividad cerebral y complejos procedimientos de análisis matemático.

Más información:

José María Delgado
División de Neurociencias
Tel.: +34954349374
Tel. móvil: 628527682

Fuente: Analucia Investiga.