jueves, 20 de septiembre de 2007

¿Un hombre imán?

Fuente: BBC Mundo.

Dicen que de todo hay en la viña del señor: hay gente bonita, fea, grande, pequeña...Hay quien se cree favorecido con un "magnetismo animal", pero nadie como un tal Aurel Raileanu, un hombre que vive en un vecindario de pocos recursos en la ciudad rumana de Bucarest y a quien literalmente se "le pega todo".

Según nos cuenta el periódico británico The Sun, Raileanu es como un imán gigante, que atrae toda clase de objetos metálicos, grandes y pequeños.

Railenau explicó al tabloide que cuando quiere atraer un objeto, se concentra en el objeto en cuestión y deja salir un sentimiento de "atracción magnética". Eso incluye desde cucharillas hasta televisores de veinte kilogramos de peso.

Raileanu no se ha hecho examinar exhaustivamente, para empezar, dice, porque hasta los estetoscopios se le quedan pegados del pecho.

Desafío a la física

Los expertos citados por The Sun opinan que su capacidad magnética desafía todas las leyes de la física y la biología, aunque en la historia ha habido otros casos como el suyo.

Está, por ejemplo, el famoso Leonid Tenkaev, un trabajador de una fábrica rusa quien, como nuestro rumano, podía atraer objetos muy pesados, una habilidad que descubrió un año después del desastre de la planta nuclear de Chernobyl.

Incluso en los años noventa hubo una conferencia en Bulgaria, que reunió a cientos de "hombres y mujeres magnéticos".

Muchos de ellos hicieron carrera en el mundo del espectáculo. Aurel, por su parte, dice que ahora es cuando está pensando en explotar comercialmente su especial magnetismo.

Atracción por el espectáculo

Antes el "hombre-imán" había tratado de mantener su habilidad oculta de sus vecinos por miedo a que lo llamaran bicho raro.

En cambio, le había dado un uso terapéutico a su extraña habilidad, pues al parecer el magnetismo que emite su cuerpo puede ayudar en la curación de ciertos problemas físicos.

De todas maneras, Aurel anticipa que una eventual entrada a los escenarios no sería necesariamente fácil. Al menos técnicamente.

Y es que si algún empresario lo quiere contactar, tendrá que hacerlo en persona: los teléfonos celulares también se le quedan pegados de la oreja, así que no los usa.

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