viernes, 11 de mayo de 2007

Proyecto Genoma del Cáncer: al menos 120 genes implicados

El Proyecto Genoma del Cáncer Humano ya ha dado sus frutos. Un equipo dirigido por Christopher Greenman y Michael Stratton desde el Instituto Wellcome Trust Sanger en Cambridge (Reino Unido) publica hoy en Nature el primer borrador del catálogo de genes del cáncer. Los resultados aumentan exponencialmente el número de genes implicados en la formación de tumores y se espera que aceleren el desarrollo de fármacos dirigidos contra ellos.

El trabajo es uno de los logros que se derivan de la secuenciación del genoma humano en el año 2001 y ha implicado la secuenciación de más de 252 millones de letras de código de ADN que incluían más de 500 genes, todos ellos codificadores de proteínas-cinasas extraídas de 12.500 muestras de 210 tipos diferentes de cáncer.

De este análisis se extrajeron más de mil mutaciones distintas presentes en las muestras tumorales.

Las proteínas cinasas se eligieron porque tienen una gran implicación en el proceso del cáncer. Su desregulación propicia la aparición de tumores, lo que las convierte en una diana clara y factible para el desarrollo de fármacos. Baste un ejemplo: la supresión de la cinasa BCR-ABL es la marca de la casa de la leucemia mieloide crónica y la diana del imatinib (más conocido por su nombre comercial Glivec), el primer fármaco inhibidor de la tirosina-cinasa que se desarrolló y que ha cambiado la historia de este cáncer hematológico.

Más de lo que se pensaba

La principal conclusión del Proyecto Genoma del Cáncer es que el número de mutaciones genéticas que propician los tumores es mayor de lo que se pensaba hasta ahora. Pero además, introducen una distinción entre las mutaciones que llevan al cáncer: las conductoras (o aquéllas que contribuyen al desarrollo de la enfermedad) y las pasajeras (que están presentes, pero no influyen en la formación del cáncer). En el análisis que hoy publica Nature determinaron 120 genes distintos con mutaciones conductoras, la mayoría desconocidas hasta ahora. "Parece que el mayor número de alteraciones que caracterizan al cáncer son pasajeras, pero entre ellas se esconden más mutaciones conductoras de las que hasta ahora se pensaba, lo que sugiere que el número de genes que contribuyen al desarrollo del cáncer es mayor de lo que se pensaba", han indicado.

Otro hallazgo llamativo es que el tipo de mutación variaba enormemente entre cada tipo de tumor, revelando que los procesos por los que se generaba la mutación podían ser diferentes en cada caso.

El proyecto aporta una nueva visión acerca de cómo se produce el cáncer y plantea un nuevo reto a la hora de abordar las mutaciones, distinguiendo las conductoras de las pasajeras, para desarrollar nuevos fármacos y revolucionar la forma de diagnóstico. La siguiente y compleja tarea que espera a los científicos es obtener el perfil mutacional de cada tipo de cáncer.

(Nature 2007; 446: 153-158).

Para empezar: la leucemia linfoblástica
Tras el genoma del cáncer como concepto global, el reto pendiente es obtener la secuencia genética de cada tipo de tumor, de los más de 200 que existen. La revista Nature también aporta hoy un botón de muestra para este nuevo objetivo: la secuenciación de las mutaciones genéticas que caracterizan a la leucemia linfoblástica aguda. Un equipo multidisciplinar del Hospital Infantil de St.

Jude, en Memphis (Tennessee), coordinado por James Downing, está detrás de la secuenciación que se basó en el análisis de células leucémicas de 242 niños con la enfermedad. La tecnología empleada para tal fin fueron arrays de polimorfismo de nucleótido único de alta resolución y secuenciación del ADN genómico.

El análisis reveló la deleción, amplificación, mutación y reordenación estructural de los genes que codifican las principales reguladoras del desarrollo y diferenciación de los linfocitos B en el 40 por ciento de casos.

El gen PAX5 fue la alteración más frecuente, mutada en el 31,7 por ciento de los casos. Los hallazgos sugieren que la alteración de las vías que controlan el desarrollo de células B contribuye a la patogénesis de la leucemia.

Los datos obtenidos demuestran el potencial de este tipo de estrategias para mejorar el entendimiento de la patogénesis molecular del cáncer y reflejan asimismo que es viable localizar los genes alterados y las vías sobre las que actúan para analizarlos posteriormente.

Fuente: Correo Farmaceutico.

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